VIENDO A Diana.
Me cautivan las imágenes,
de tu cuerpo desnudo en fortalezas,
te despojas
de ropajes
y vergüenzas
y te exhibes
henchida de flaquezas,
colgada en el espejo de mi iris
marrón.
Cerezas
por pezones ornan miedos,
y coronan
jambas hambrientas
sedosos,
ansiosos labios
y bigotes
húmedos.
Quizá de secretos
llantos
solitarios
Están
tus ojos, clavados
en la herida de mi tibieza.
Más no puedo apartar yo los míos
se la tuya, caverna
al infinito,
A lo único
cierto
No puedo apartar mi mirada
de tus recovecos de hembra imperfecta,
de tus tetas
mas o menos insolentes,
pero tan ciertas.
De tu culo escaso y algo caído,
de tu pubis, - Coño -
peligrosamente peludo
y cierto,
oliendo a miedo, urea y bragas viejas
!Somos tan iguales, dios,
estamos tan heridos,
por la derrota, los dos!
No puedo apartar la mirada
se tu perfección imperfecta,
de tus curvas y tus miedos.
De tus años y tus pelos
ambos fuera de lugar,
No puedo apartar
la mirada del espejo
donde danzan, en conjuro,
tus sueños y mis miedos,
tus miedos y mis sueños.
Ese incierto futuro
Herido de recuerdos
Por eso,
como estoy solo y asolado
conscientemente,
y herido de la suerte.
Como tu,
aterido en calendarios
y besos extraviados,
sabiendo que soy solo
un abyecto poso en tu piel,
eco en tu verbo,
sueño más que recuerdo,
no me miro en tus ojos,
si en tu cuello,
vulnerable y Aterido,
si en tu vientre
malherido,
si en tus senos
erizados
de cerezas
y de miedo a los silencios
de la muerte,
si en los labios
de tu coño refulgente
y estepario,
que claman
por su suerte,
por tu suerte,
si en tus besos
sordos y como de pez
que presiento entre el espanto de la noche
y me erizan de miedo,
de frio y deseo,
si en la urgente necesidad
de rendir el calor de mi cuerpo
vertiéndome en tu cuerpo
Mas habitas una pantalla pixelada,
árido cristal y acero
de diecisiete pulgadas.
Y tu calor anda lejos
Un grito en la noche.
Sí, soy yo.
Levantas la barbilla en un respingo
causal e incoherente,
mas no me oyes
Vacio habito.
Habitas sed.
Con onan
En ti me vierto.
Desesperada y fiera,
se acelera la sangre en mis venas.
Estallo de agotamiento
y de tristeza.
Son lágrimas de esperma,
es mi vida
vendida a unas estrellas
indolentes y frías,
- madres yermas -
por un plato de tibieza
Es mi muerte.
que silente
se acerca