Donde tu pones el índice, en contacto
con el índice del hombre, y energía
que obscurece las estrellas, le transmites.
Donde tus ojos centellean, de ira
o poder, es inherente a la suprema
energía, el intelecto de homo, no concibe
su medida. Donde trenzamos desnudas
nuestras almas. Tu contacto
sea tangible, etéreo, quizá soñado,
donde tu dedo apuntaba, estallaron
universos, rebasando los relojes.
Donde tu mirada, distraida,
displicente, tu posaste en un descuido
estallaron muerte y vida, melodías
nímias para ti, oscuros arcanos
para el hombre.
Donde señala tu dedo, displicente
estalla el cosmos. Mira, vé mis ojos
desdichados. ¡Oh Dios, omnipotente!
donde apunta, descuidado, tu potente
indiferencia o voluntad, nace una estrella
que agonízara en tus manos, tibiamente.
2003