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No soy las piernas.
Tampoco soy las piernas
que me llevan, acaso
soy los pasos
sobrecogidos
exhaustos
temerosos,
vencidos.
Soy, quizá,
la simple determinación de caminar
pisada tras pisada
siguiendo tus huellas,
o menos aún, el sigiloso
e imperceptible
sonido,
en eterno sucederse
de los pasos.
Soy, el sueño, del camino
tan ansioso
como ansiado
que quizá, recorrerán, mis pasos.
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